Ovidio, Met., I, 452-559

Apolo y Dafne es uno de los mitos griegos que ha gozado de más fama desde la propia Antigüedad.
Apolo, hijo de Zeus y de Leto y dios del sol, de las artes y la adivinación, tras haberse burlado de Cupido, recibe una flecha dorada que lo hace enamorarse perdidamente de Dafne, ninfa de los árboles e hija del río Peneo y Creúsa, sacerdotisa de Gea, que lo rehúye tras haber recibido una flecha de plomo.
Desde la propia Antigüedad, diferentes autores, como Higinio, Luciano, Servio o Nono de Panópolis, nos dan cuenta del mito, pero adquiere principal fama el texto de Ovidio en el Libro I de sus Metamorfosis.
La iconografía nos da muestras de las diversas interpretaciones que del mito se han hecho en diferentes técnicas: bajorrelieves de marfil, pintura mural, mosaico, tapiz, bronce, tabla, pergamino y, posteriormente en lienzo o mármol.















También la historia de la literatura se ha servido del mito para numerosas y bellas composiciones de las que, aún hoy, podemos gozar.

A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraba;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
¡Que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba!

Garcilaso de la Vega

«Tras vos un alquimista va corriendo,
Dafne, que llaman Sol ¿y vos, tan cruda?
vos os volvéis murciégalo sin duda,
pues vais del sol y de la luz huyendo.

Él os quiere gozar a lo que entiendo
si os coge en esta selva tosca y ruda,
su aljaba suena, está su bolsa muda,
el perro, pues no ladra, está muriendo.

Buhonero de signos y planetas,
viene haciendo ademanes y figuras
cargado de bochornos y cometas.»

Esto la dije, y en cortezas duras
de laurel se ingirió contra sus tretas,
y en escabeche el sol se quedó a oscuras.

Francisco de Quevedo



Y si pensabais que Apolo y Dafne se había representado ya de todas las formas posibles, aquí tenéis la nuestra. Esperamos que os guste.





























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